Sin embargo, cuando he visto Matrix o Spiderman salgo viendo estrellitas de tantos movimientos en la pantalla, movimiento sin parar, de un lado a otro, efectos y más efectos. Cierto, hay historia en el caso de la primera y en la segunda se retoma un clásico de los cómics. Pero la Guerra de las Galaxias había algo más. El enfretamiento entre el bien y el mal, la lucha constante entre nosotros mismos por ser mejores personas, por vencer al Darth Vader que todos llevamos dentro. Esta sociedad, más que en ninguna otra etapa de la historia se caracteriza por formar individuos hedonistas, egoístas e indiferentes al dolor ajeno. La lucha de cada generación con la anterior por hacer valer lo que cree y lo que piensa.
La entrega final de Episodio 3 sin duda es la mejor de las últimas cintas de George Lucas. A las otras dos les faltó "punch" como se dice en el argot pugilístico. Ésta cinta retoma la esencia de las tres primeras películas: la lucha por el poder, la democracia imperfecta, la envidia como elemento inherente de todos los seres humanos y la eterna lucha entre el bien y el mal. Un aplauso al señor Lucas por permitirnos seguir soñando, mención aparte de que ha engordado más su voluminosa cartera.
Jolette.
No soy afecto a ver televisión ni mucho menos los llamados Reality Shows. Me parece patético estar viendo diálogos huecos, envidias, intrigas y chismes. Para ver eso me basta con el ambiente de una oficina o me voy a cualquier centro comercial parado junto a un grupo de adolescentes o viejas pikies tomando café. Quizás lo único que veo es el fútbol y uno que otro programa cultural del 22 o del 40, ya que me cortaron el Sky por "exceso de pago".
El otro domingo mi "jechu" (Jefecita Chula - mamá-, El Polivoz dixit) veía con singular desenfado el programa La Academia, una pasarela de mocosos que quieren ser cantantes de la noche a la mañana regañados por unos dizque jueces que son reconocibles por ser "glorias pasadas" de la farándula y por "saber mucho de cuestiones musicales". Obviamente no voy a cuestionar a la autora de mis días por estar pegada a la TV ni por estar aplaudiendo la "basura mental tóxica" que los Salinas Pliego otorgan a su teleauditorio todos los días (ilusos aquellos que pensamos en el 94 que con la llegada de una nueva televisora tendríamos más opciones), ni es mi problema que haya gente a la que le encante este tipo de programas, si a alguien le disgusta que apague el televisor, así de sencillo.
En eso hubo una chavita que me llamó la atención, su nombre: Jolette. Al estar escuchandóla cantar, su voz interrumpió mi lectura: "¿Quién está estrangulando al gato?", le dije a mi querida madre temiendo que a mi pobre Tonchi algún chamaco ladino le estuviera jugando alguna mala pasada. "Es Jolette", me dijo mi ´ama. Me quedé viendo el televisor y ahí estaba una chica delgada, de unos 20 años, muy guapa, con unos ojos verdes divinos (al fin y al cabo soy hombre)...de acuerdo a los comentarios de mi madre es la más polémica de ese programa: caprichosa, indolente, floja, soberbia, mamila, poco seso y un largo etcétera. Sin embargo ella se lleva a sus competidoras de calle, ¿por qué una chava con recursos tan limitados goza de la simpatía de muchos? Todo un misterio. Yo si la incluiría dentro de mis "sueños eróticos" y sé que quien lea esto me acusará de "cochino, puerco" y otros adjetivos infames.
La chava tiene "algo", no lo sé, no me lo pregunten. Sus ojos son divinos, es bella. Y representa la esencia del mundo del espectáculo, entendiendo por esencia aquello que caracteriza una entidad.
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Si Paulina Rubio (Pau para los cuates) con su esquéletico cuerpo y su voz desafinada, Thalía, Alejandra Guzmán, "Bricni Spirs", Christina Aguilera, París Hilton y demás estrellitas la han hecho, ¿por qué esta chamaca no habria de hacerlo? De todas formas en la pantalla no cuentan ni la inteligencia, ni las aptitudes, ni nada de eso. Sólo cuenta esa tirana llamada "imagen", ¿no creen?